Me
muero por suplicarte que no te vayas mi vida.
Me muero por escucharte, decir las cosas que nunca digas. Me callo y te
marchas, mantengo la esperanza de ser capaz algún día de no
esconder las heridas que me duelen al
pensar, que te voy queriendo cada día un poco más. ¿Cuánto tiempo vamos a esperar?